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EL INTERMEDIARIO

Holanda: Limpia, pero triste

Aunque he ido varias veces a Holanda, en estos dos últimos días que he estado allí, he observado algunas peculiaridades que voy a comentar.

Una de las cosas más llamativas es el tremendo número de bicicletas. Aunque no se conocen datos exactos, la estimación es que hay casi veinte millones de “bicis” en un país con dieciséis millones de habitantes. Todos los niños van en bici al colegio, las universidades tienen enormes “biciparkings”, … Por supuesto, la orografía holandesa, ya que es muy llana, facilita este medio de locomoción, pero, también, las infraestructuras, con “carriles” para bicis, que, por cierto, tienen preferencia siempre frente a los coches, ayudan. Curiosamente, casi nadie lleva casco…luego, debe haber muy pocos accidentes.

Hablando de infraestructuras, todas las carreteras y autopistas están “rodeadas” por  pantallas acústicas que protegen del ruido a las personas que viven en sus márgenes. También es extraño, para nosotros, ver el enorme tráfico de barcos a través de la red de canales.

Otra cosa sorprendente es el poco ruido que hay, incluso en sitios como restaurantes. En la cena del jueves, con más de cincuenta personas en el local, las conversaciones eran “en cada mesa” y no, como, a veces, parece en España, “entre las mesas”. Curiosamente, la gran mayoría de las conversaciones eran en inglés, como corresponde a una población pequeña con un idioma no extendido fuera de allí. Asimismo, toda la información relevante está, también, en inglés, sin que esto signifique que renuncian a nada. Vamos, que me recordaba a Cataluña y su permisividad con el castellano…pero, al revés.

En el ámbito cultural, tienen, también, sus peculiaridades, como el tiempo y cuidados que dedican a las flores y plantas o a los pájaros.

Vamos, que aquello es una maravilla…Pues no tanto. El clima es frío y húmedo, con un montón de días grises. La mayoría de los holandeses son unos “cabezas cuadradas” que no cambian de opinión ni “a tiros” y, además, se ríen poco.

Y luego, la comida. La cultura gastronómica es inexistente y comen, sólo, por ingerir las calorías necesarias para sobrevivir y…pedalear. Como ejemplo, tanto el primer como el segundo día he comido, a mediodía, dentro de la empresa donde tenía varias reuniones. Como allí es costumbre, los “víveres” consistían en bocadillos. Pues bien, los dos días, el número e ingredientes de los “bocatas” han sido los mismos. Para tres personas, doce unidades, con una distribución irregular y no fácil de repartir, ya que había tres de rosbif, dos "croissants" vegetales, dos de pavo, dos de jamón york, uno de salmón, uno de salami y uno de queso. El segundo día, sentí una sensación parecida a la de Bill Murray en aquella divertida película de “Atrapado en el tiempo” donde todas las mañanas se despertaba con una canción preciosa de Sonny & Cher.

Así que, mi conclusión es que merece la pena aprender de gente como los holandeses en algunos temas (es admirable lo limpias que están las calles, por ejemplo), pero se vive mucho mejor en España…o, al menos, eso me parece a mí.

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