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EL INTERMEDIARIO

Con la ayuda de los amigos...

Cuando cumples años, te das cuenta de cómo va cambiando tu forma de ver la vida.

Hace tiempo, cuando tenía veinte y pocos años, un amigo, al que ahora veo poco, tenía una novia que ya estaba trabajando y, además, sus padres continuaban dándole dinero para sus gastos, mientras el continuaba con sus estudios de Arquitectura. Un día me dijo que “lo habían dejado” y, como ella era muy “maja”, le pregunté por qué. Su respuesta, que nunca he olvidado, fue: “ella tiene dinero y no tiene tiempo, mientras que yo tengo mucho tiempo, pero poco dinero”.

Esto me sirve, como ejemplo, de que, a veces, hay personas que van desacompasadas con su edad. No voy a entrar, en el caso anterior, a juzgar quien de los dos estaba “fuera de sitio”, pero sí puedo hablar como pienso actualmente sobre la gente, como yo, que está en el entorno de los 50 ± 5 años.

En mi opinión, cuando uno llega a este punto de la vida, debe tener ya una madurez comprobable. Desgraciadamente, a mi alrededor, me encuentro con amigos y conocidos que no la han alcanzado. Ya sé que las circunstancias vitales de cada uno influyen en “como te va la vida”, pero, pienso, que cada uno tiene mucho que ver con su propio destino.

Si me pedís en qué punto del “camino”, creo yo que, deberíamos estar os lo digo en una frase: “Haz lo que quieras, que ya pasó la época de haz lo que puedas”. Por supuesto, en su justa medida. Os pondré varios ejemplos.

Si no puedo, al menos, una vez al mes irme a comer con los amigos con una larga sobremesa y no volver a trabajar por la tarde, es que nos hemos equivocado (en este caso, mis amigos y yo) en la empresa, en el puesto de trabajo o en algo.

Igualmente, si no puedo dedicar un rato al día a hablar con “mi gente”, leer sus blogs, etc., o irme de viaje un par de fines de semana “largos” al año (de jueves a lunes) aparte de los “puentes” y vacaciones reglamentarios, es que algo falla.

Otro ejemplo. Si paso por delante del escaparate de una tienda y veo algo que me gusta, para mí o para regalar, tengo que poder entrar y comprarlo sin ningún problema.

Ahora vamos con lo que decía, más arriba, de la “proporción” o de la “justa medida”. Las comidas con los amigos no tienen que ser en Zalacaín o El Bulli, no tengo por qué pasarme horas hablando por el móvil con los amigos mientras estoy trabajando, los fines de semana, que me “escaqueo”, no tienen que incluir el día de una reunión muy importante y, por supuesto, cuando hablo del “shopping”, no me estoy refiriendo a cuando paso por delante de un concesionario de Ferrari.

Claro que para poder hacer cosas como las que aquí cuento, hay que tener trabajo y amigos, pero es que si no tienes de eso…todo es mucho más difícil.

Por todo esto, me entristece ver personas que sólo trabajan y nunca tienen tiempo para nada más o, por el contrario, tienen tiempo de sobra, pero no pueden disfrutarlo porque no pueden gastar lo suficiente para conseguirlo. Seguro que vosotros, también, conocéis varios casos…A ver si les podemos echar una mano…

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1 comentario

Toncho -

Estamos en lo mejor de la vida. En el momento del disfrute con conocimiento de causa.
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