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EL INTERMEDIARIO

El sueldo es importante...pero no tanto

Estamos en las semanas en que en la mayoría de las empresas se hacen las llamadas “revisiones salariales” y, además, cada vez a más de nosotros, nos fijan los bonus o parte variable del sueldo que se consigue en función de unos objetivos. Son días importantes para la parte “material” del año que acaba de empezar

Por ello, me permito hacer unas reflexiones sobre este tema ante el que nuestra sensibilidad es muy alta. La vida no cambia mucho por un 5% más o menos, pero es que no se trata sólo de este aspecto...el sueldo tiene mucho más implicaciones.

En primer lugar, me gustaría referirme a los objetivos de lo que llamamos un “buen sueldo” desde un punto de vista de una empresa, sin consideraciones (que, también, se pueden hacer) éticas o sociales. Así que una empresa busca, primero, que los “mejores” quieran trabajar en ella, segundo, que cuando ya los tiene, no se quieran ir a otro sitio, después, que esos tan “buenos” estén motivados y quieran ser los mejores y, finalmente, que, efectivamente, sean muy buenos y los beneficios de la empresa sean óptimos.

Así todo, hay empresas que prefieren pagar poco y sólo miran a corto plazo, pero, ya hace muchos años, se decía: “If you pay peanuts, you will get monkeys” y yo sigo estando de acuerdo.

Por otro lado, asumiendo los objetivos que he comentado, debemos tener en cuenta que la retribución tiene, al menos, tres aspectos:

1-     Fija la cantidad de dinero que uno se puede gastar...aunque, actualmente, en muchos casos, la mayor parte ya tiene destino fijo: Hipoteca, comida, familia, etc.

2-     El sueldo tiene, también, una componente relativa frente a los demás. Desde el compañero de trabajo (“no hace nada y gana más que yo”) hasta los círculos sociales donde nos movemos (cuando cenas con tu antiguo compañero de clase y te dice que gana un 50% más que tú, te fastidia...aunque, también, haya mucho “fantasma”)

3-     Por último, con la retribución, uno recibe un mensaje de lo que la empresa piensa de él y su futuro dentro de ella. Hace años, al poco de empezar a trabajar, me sucedió una anécdota, que refleja este punto y que os cuento brevemente. Estaba yo trabajando en una empresa que estaba a punto de ser absorbida por otra. Mi jefe de entonces decidió dar una gratificaciones a final de año porque nos lo merecíamos por los resultados obtenidos y, además, no se podía asegurar cual iba a ser nuestro futuro en la nueva empresa. Yo tenía un compañero que ocupaba un puesto de nivel igual al mío y era muy veterano habiendo ascendido en la compañía “peldaño a peldaño”, mientras, que yo, todavía no tenía treinta años y estaba ahí por el nivel de formación superior que aportaba. Pues bien, el entró primero y recibió un cheque de medio millón de pesetas (lo mismo que el año anterior) y me lo contó. En aquel momento, el jefe era un “tío cojonudo”...hasta que, cuando salí yo y, le dije que mi cheque era cien mil pesetas superior (un 20% más que el año anterior), entonces,  el “cojonudo” pasó a ser un “rata de mierda”. El mensaje era, (nuestro jefe me lo dijo algunos años después) para él, “gracias por los servicios prestados” y para mí, “sigue adelante que puedes hacer carrera aquí”.

Así que, tanto los objetivos del sueldo como las tres dimensiones que tiene, hay que tenerlas en cuenta en las revisiones anuales, además de, como normalmente ocurre, otras como los beneficios de la empresa o el IPC. Por supuesto, no tiene mucho sentido, hoy día, hablar de conceptos como masa salarial, incrementos lineales, etc.  que, todavía, utilizan algunos sindicalistas trasnochados.

La segunda parte de la conversación mantenida en estas fechas con nuestro superior suele versar sobre los objetivos a alcanzar y la “pasta” a recibir por conseguirlos.

Yo, en este punto, aplico (e intento que me apliquen) unas pocas ideas básicas. En primer lugar, los objetivos de una persona o grupo tienen que ser coherentes con los objetivos generales de la empresa. Se han visto casos, donde la empresa daba (e, incluso, publicaba) como clave para el año el aumento de cuota de mercado y, simultáneamente, a los equipos comerciales se les pedía un aumento porcentual en el margen.

Segundo, los “goles” a alcanzar tienen que ser medibles para que no se paguen por “paternalismo” o se nieguen por cuestiones personales. Además, tienen que tener, para mí, cuatro características: Simples (hasta el más obtuso debe poder entenderlos), alcanzables (hasta el menos dotado debe poder conseguirlos), realistas (hasta el más gruñón debe admitirlos) y razonables (hasta el más cínico debe considerarlos justos).

Tercero, deben ser estimulantes y motivadores. En mi opinión, en puestos “staff”, estos incentivos relacionados con objetivos deben estar entre el 5-20% del sueldo fijo, mientras que en puestos comerciales pueden representar un 25-100% de la parte fija. Por supuesto, en esto no hay regla fija y depende de empresas y sectores.

Finalmente, en los tiempos que corren, hay que dejarlo todo muy “clarito”, pues hay una probabilidad muy alta de que el quien se sienta enfrente de nosotros hoy, el año que viene ya no esté y tengamos esta conversación con otra persona.

También, recordar que esto es aplicable en empresas “standard” y no, por ejemplo, en empresas públicas donde se coloca a los amiguetes del gobierno con sueldo que representan diez o más veces lo que una empresa seria pagaría a esos sujetos.

Espero que este “rollo”, basado en el sentido común, nos sirva a todos para reflexionar que, tanto si somos “fijadores” de sueldos para el nuevo año (algunos) como si somos “sufridores” de pequeñas subidas salariales (casi todos), la reunión anual que se celebra es muy importante, que hay que prepararla concienzudamente y que todos los aspectos merecen ser considerados, aunque...la semana pasada, mi jefe, francés en multinacional alemana con una gran experiencia, me demostró que, de esto,  no sabía casi nada.

Eso sí,  sin olvidarnos de que, esto del dinero, es una parte pequeña y poco importante de la vida y, debemos hacer caso a George Harrison cuando preguntaba aquello de “¿Qué será de mi vida sin tu amor?” y ocuparnos más de nuestros sentimientos y amores que, esos sí, nos pueden hacer realmente felices.

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